viernes, 8 de enero de 2016


Postores
Se olvidaron los afectos y se frunció el ceño. Mordieron la inocente manzana tal fruta perversa, inocentes como candelabro en la noche de su vela. Imposible es no renegar del instante, cuando encuentras cómplices, amigos, en pie de muerte.
Sollozaban, languidecían tan niños en cuna, a modo del encanto de ruiseñor.
Perfectos imbéciles.
Era la tarde en el bosque y los puños no se detenían, tal mariposas volaban, se mandaban a la mierda el pellejo y los ornamentos, y se allegaban las lágrimas, los llantos, las ofensas...
¿Quién dijo odio? o temor, o miedo a dañar al otro árbol caído.
Es tiempo baldío y necesario a la vez. Encuentro de dos que un día hundieron sus copas en risas amables, y ahora, los arrastra el soplo del resentimiento, del celo. 
¿Quién se quedará con ella?, ¿el mejor postor?, ¿el que calza más vaina del machete?, ¿el que ensilla mejor su garañón y hace su mejor giro completo? ¿Quién se quedará con ella?, les pregunto, si ambos son igual de atolondrados. Son los mejores postores de la navaja, cuchilleros empedernidos, los grandes dueños de la botella de guaro puro. ¿Quién se quedara con ella?, les pregunto de nuevo, ¿el que le ofrezca más rasguños en las paredes de la celda? ¿El que escriba más cruces en las entradas del panteón? 
¡Imbéciles!
Permítanle a ella que decida y diga, a cuál de los dos le extenderá el brazo para caminar por la ciudad, para quién soltará su cabello cada noche antes de acostarse y a quién le dará sus labios en noches de pasión y lluvia.
Vaya postores. Desgraciados, tontos, como la muerte viva. 
Completos ingenuos. Ahora permitan que ella les diga toda la verdad…, y así venga con libertad a recogerse entre mis brazos y puedan matarse en paz, los dos.
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Edgardo Benitez

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