domingo, 16 de agosto de 2015

La cita

La cita
Algo no estaba bien, se respiraba en el ambiente. Miró su reloj, apenas pasaban unos minutos de la medianoche. Aunque sabía que nadie habitaba la casa, acababa de escuchar el sonido de pies descalzos que corrían, pero de inmediato pensó que solo era una broma de alguno de sus amigos. Miró hacia un costado y pudo ver una sombra que cruzaba el pasillo para luego desvanecerse ante sus ojos, no dudó en ir a cerciorarse de lo ocurrido. Avanzó prendiendo las luces. Un fuerte presentimiento aceleró sus latidos y erizó su piel. La temperatura en el ambiente había subido a tal grado que empezaba a sudar a chorros, y el profundo olor a azufre lo tenía confundido, olor que conocía por las visitas que hizo al volcán la semana pasada para presenciar las últimas fumarolas. Salió al jardín para averiguar de un posible incendio pero todo estaba en orden, incluso revisó el coche y las cuadrimotos que se encontraban parqueadas en el garaje especial para ellas.
El fuerte calor lo llevó hasta el sótano de la casa donde se hospedaba el vigilante de turno, casa que estaba ubicada frente al pórtico, una casucha casi destruida que se notaba no había sido usada en los últimos tiempos. Era necesario averiguar. El calor era tan fuerte que tuvo que mojarse la ropa para entrar. Cruzó la pequeña habitación hasta llegar a la puerta del sótano que se abrió con suma facilidad, el profundo olor a azufre lo puso en que pensar, bajó con cuidado la escalinata hasta llegar a un agujero profundo de unos dos metros de diámetro y del cual salían llamas seguidas de gritos acongojados y risas. Del agujero saltaban unas manos que lo llamaban con insistencia y lo invitaban a entrar. Por su cuerpo corría el deseo de conocer, de quedarse, de averiguar de las voces que lograba distinguir del movimiento desenfrenado de los cuerpos desnudos de mujeres y hombres que intentaban agarrarlo.
Había llegado la hora de tomar una decisión, si quedarse y entrar, o marcharse de inmediato…