domingo, 8 de febrero de 2015

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Las nubes negras aún no abandonan el horizonte y no desean marchar. Qué bueno que la felicidad no depende de nubarrones oscuros o amaneceres soleados con campos verdes de agradable frescor.
Triste destino el que le espera a la capacidad filosófica y pensante de la humanidad, dádiva divina, tan admirable y tan poco ponderada. Capaz de sonreír ante la fuerte tormenta que cae o ante el deslumbrante y recalcitrante sol del medio día.
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Las nubes negras aún no abandonan nuestro horizonte y por ninguna razón desean marchar.
De "Luciérnagas en el día"
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