sábado, 26 de diciembre de 2015


De Manuel
… acostumbrado a las faenas de la pesca, a pasar horas sentado en una roca frente al mar, a Manuel le fue extraña la figura femenina que emergía caminando despacio de entre las olas. Su cabello largo era removido por la fuerza del agua y el color verde de su piel lo puso en alerta. Se asustó cuando la vio caminar hacia él y alcanzó a ver sus ojos color rojo.
Y él que hasta entonces se encontraba sentado sobre la roca, se incorporó de inmediato y corrió a informar al pueblo. Era por demás. Había visto de  todos colores de ojo y de piel, pero… ¡rojo y verde!, si que era para afligirse.
Al ver que corría, ella se volvió a las olas caminando despacio. Lo veía alejarse. Quizás hubo decepción, y continuó adentrándose hasta que se perdió entre las olas.
¿Entiendes ahora por qué razón le dicen “El Loco” a Manuel?




domingo, 16 de agosto de 2015

La cita

La cita
Algo no estaba bien, se respiraba en el ambiente. Miró su reloj, apenas pasaban unos minutos de la medianoche. Aunque sabía que nadie habitaba la casa, acababa de escuchar el sonido de pies descalzos que corrían, pero de inmediato pensó que solo era una broma de alguno de sus amigos. Miró hacia un costado y pudo ver una sombra que cruzaba el pasillo para luego desvanecerse ante sus ojos, no dudó en ir a cerciorarse de lo ocurrido. Avanzó prendiendo las luces. Un fuerte presentimiento aceleró sus latidos y erizó su piel. La temperatura en el ambiente había subido a tal grado que empezaba a sudar a chorros, y el profundo olor a azufre lo tenía confundido, olor que conocía por las visitas que hizo al volcán la semana pasada para presenciar las últimas fumarolas. Salió al jardín para averiguar de un posible incendio pero todo estaba en orden, incluso revisó el coche y las cuadrimotos que se encontraban parqueadas en el garaje especial para ellas.
El fuerte calor lo llevó hasta el sótano de la casa donde se hospedaba el vigilante de turno, casa que estaba ubicada frente al pórtico, una casucha casi destruida que se notaba no había sido usada en los últimos tiempos. Era necesario averiguar. El calor era tan fuerte que tuvo que mojarse la ropa para entrar. Cruzó la pequeña habitación hasta llegar a la puerta del sótano que se abrió con suma facilidad, el profundo olor a azufre lo puso en que pensar, bajó con cuidado la escalinata hasta llegar a un agujero profundo de unos dos metros de diámetro y del cual salían llamas seguidas de gritos acongojados y risas. Del agujero saltaban unas manos que lo llamaban con insistencia y lo invitaban a entrar. Por su cuerpo corría el deseo de conocer, de quedarse, de averiguar de las voces que lograba distinguir del movimiento desenfrenado de los cuerpos desnudos de mujeres y hombres que intentaban agarrarlo.
Había llegado la hora de tomar una decisión, si quedarse y entrar, o marcharse de inmediato…






domingo, 8 de febrero de 2015

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Las nubes negras aún no abandonan el horizonte y no desean marchar. Qué bueno que la felicidad no depende de nubarrones oscuros o amaneceres soleados con campos verdes de agradable frescor.
Triste destino el que le espera a la capacidad filosófica y pensante de la humanidad, dádiva divina, tan admirable y tan poco ponderada. Capaz de sonreír ante la fuerte tormenta que cae o ante el deslumbrante y recalcitrante sol del medio día.
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Las nubes negras aún no abandonan nuestro horizonte y por ninguna razón desean marchar.
De "Luciérnagas en el día"
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sábado, 31 de enero de 2015

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hoy he llorado mis manos
las he visto sangrar ante tus ojos
las he visto romper en luz ante la línea fina de tu cuerpo
quién iba a pensar que
han abandonado este mundo para lucir sus espinas
tuve que cortar los ranchos de paja para
percibir poco a poco el grito auténtico de tu piel

piel que envuelve tu pasado
tu desnudar del alma y de la vestimenta atrevida y osada
ahora siénte
percibe mis neuronas
ávidas de tenerte junto a mí
ávidas de gritar
con fuerza desbordante

desde afuera del instante mismo
vengo
apaciguado
solemne

acarreando tu palabra para hacer mi nido frente al tuyo
a encontrarme con el silencio vacío
a encontrarme con que tú
eres lágrima también

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domingo, 11 de enero de 2015

   Carta encontrada en una banca del parque Central de la ciudad de Santa Ana, El Salvador.
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Carta dirigida a «El Principito», mi amigo.


Dentro de la vorágine de ansiedad y dolor producido por vivir acá en la Tierra, heme aquí sentado, contemplando el cielo, con la esperanza de ver que asomes con luces de colores entre las brillantes estrellas. Desde el día que te marchaste, vivo recordando tus palabras, tu inocencia, tu humildad y tu sensatez.
¡Principito!, aunque la presencia de tu ausencia es grande, te ruego: ¡Por favor, no vuelvas a la Tierra! Acá corres peligro, otros humanos querrán hacer de ti un esclavo más. Tú sabes que en la Tierra vivimos con el sol de frente y la muerte a nuestras espaldas, sin morir. Viviré agradecido contigo por mostrarnos el camino de la vida, y para que nunca olvide que siempre seré niño.



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