sábado, 27 de diciembre de 2014

Mundos paralelos
Los seres humanos llevamos un mundo paralelo con nuestras hermanas las moscas y aunque sabemos bien aquella linda expresión que reza: «En boca cerrada no entran moscas», siempre o casi siempre continuamos en nuestra necia tarea de ser impertinentes y hablamos más de lo que no debemos.
El mundo de nuestras hermanas las moscas se asemeja al nuestro en muchos otros y diversos aspectos. Acá les mencionaré algunos detalles que he encontrado, ustedes pensaran y nos contaran de otros.
Ambos pensamos que somos los seres más limpios de la creación, imposible convencernos que somos lo que ingerimos, y aunque sabemos que somos especie que no morimos sino que nos suicidamos, continuamos en la necedad de alimentarnos como lo hacemos.
También sabemos que ambos podemos ser devastados con insecticidas y no dejamos de estar cerca de ellos y todo por alimentamos de inmundicias.
Al igual que nuestras hermanas las moscas, nos es inevitable aplacar el deseo neurótico de reproducirnos de manera aritmética y geométrica, y aunque formamos comunidades y edificamos grandes urbes, no nos interesa morir como ellas, aplastados como moscas.

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viernes, 5 de diciembre de 2014


Crear letras bajo este embrujo soñador del amor es adornar las ventanas de un instante con gallardetes y guirnaldas de vivos colores,  es el complemento exacto que equivale a respirar estrellas adornadas con  estrellas.

Crear letras enamoradas es un privilegio que se nos ha otorgado a los humanos a modo de regalo celestial, como un premio sin haber hecho nada, sin haber otorgado nada, Solo por la bondad divina,

Te concedo una Luna a tus palabras enamoradas



martes, 18 de noviembre de 2014

Tú, fuerza universal, si eres acontecimiento, deberás saber que me es difícil comprender que Lázaro resucitó, y también sabrás dispensar que aún no aprendo a caminar sobre las aguas. Pero si he de decirte, que aunque los momentos adversos intenten detenerme, no lo lograrán.

Porque en esta Tierra no existe nada inusitado ya que todo sirve para aprender. Por eso sé que avanzaré, a tientas, a ciegas, y lo haré desde el Génesis del infierno hasta el 
Apocalipsis del cielo.




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viernes, 24 de octubre de 2014

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Lo confieso, no lo podía creer, estaba frente a ella. Lo había pensado tanto que creí tomarme más tiempo en comprender.
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Poco a poco el frío se apoderaba de mí. Temblaba y no era por miedo, era simple frío, sentía reventar mis huesos y salir por mi piel.
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Cuando vi el nublo blanco que escapaba por las ventanas rotas y yo en él, comprendí que el hombre tirado en el charco de sangre sobre el asfalto ya no era yo.
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Los neumáticos del coche seguían girando.
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El accidente» de Alfonso Ponce de León (1906- 1936)
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viernes, 12 de septiembre de 2014

entre lobos y hienas

si sirve de abono para la desfachatez de los lobos
y de sustento para las hienas,
con lentes oscuros ante la luz del universo
derramaré lagrimas de sangre

que al final formarán ríos de fuego
para descubrir
el umbral del arco iris

enséñales que mis lagrimas son alimento
que arden en la hoguera de la utopía humana
que manifiesta abiertamente


que vivir es sinónimo de felicidad

domingo, 7 de septiembre de 2014

Breve carta al ser humano que es mi complemento y que juntos hicimos parir nuestra unidad filosófica

Todo se le puede perdonar a un ser humano, menos que esté enamorado y sea feliz. Ante mis impulsos alocados e inmaduros, debes llenarte de comprensión para saber indultar mis errores, errores cometidos como cualquier bestia marrullera.

Si sientes que husmeo y manoseo tu soma debes comprender que es parte de la experiencia hermosa que conlleva coexistir con un animal salvaje, con un licántropo que se revuelca en la tierra, placido, profesando el olor agradable que despiden tus melindrosas patas, claro que esto lo hago con el fin primordial de recibir a cambio una caricia ardiente que sosiegue mi voraz instinto.

jueves, 28 de agosto de 2014

Con el viento a mi favor

Todos llevamos el miedo en nosotros, todos.  Pero qué ocurre cuando ponemos esa emoción a nuestro servicio, al servicio  de nuestra conveniencia, al servicio de nuestros intereses.
Nos volvemos inteligentes, sobresalimos, nos convertimos en líderes. Somos los mejores, somos grandes.
Cuando hacemos del miedo nuestro aliado,  ante los demás parecemos ser extraterrestres, nos volvemos ejemplares, pero  también nos sorprendemos y nos llenamos de tristeza cuando observamos como los demás retornan a sus escondrijos a llenarse de oscuridades, a pintar sus cabezas de figuras cristoídeas y respirar olores inmundos y fétidos.

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jueves, 12 de junio de 2014

En realidad el ser humano es en toda su extensión: incognoscible, irreconocible, insospechado. El ser humano que no conocemos pero que esperamos desarrollar algún día no muy lejano. Cuidado con la moralidad farsante que asola la especie que viste de bastón y sombrero para asustar a la otra élite desolada. Hay millones de formas y maneras de comprender estas letras, pero en todas queda más que claro, que la humanidad aunque muera hoy, mañana emergerá de manera tal que se permitirá repoblar el mundo nuevamente.

Triste una parte de la humanidad que cree que muere, que asola su alma con el pensamiento afligido y famélico de la soberbia. Humanidad convertida en necesidad que no quiere dar su brazo a torcer. No somos principio ni fin, pero nos encanta morir, pero tememos morir, nunca hemos sido eso ni lo seremos, sencillamente somos, y nada más. Somos...

miércoles, 11 de junio de 2014

Es que en realidad el ser humano por naturaleza es amor, pero por falta del uso de su pensamiento se deja atrapar por las circunstancias de la vida. Hasta el más despiadado asesino del mundo tiene en su ser la bondad estampada con fuego.





miércoles, 5 de febrero de 2014

La hija de Zyrich




Al mirarse al espejo consideró vestirse con gabardina y sombrero negro para merodear en la oscuridad sin ser reconocido. Esperaba que todo ocurriera tan bien como otras veces, aunque existía la posibilidad de que alguna contingencia complicara su tarea. Estaba acostumbrado al frío de la madrugada, sabía que la helada era capaz de coagular la sangre y que la neblina cuando caía sin piedad, entorpecía la visión y el andar. Llevaba años haciéndolo y solo lo movía el noble propósito de alimentarla.
Visitar el pueblo significaba para él enfrentarse con escenas desagradables: bares y prostíbulos malolientes, viviendas de lodo y bahareque a punto de caer sobre sus endebles puntales. También lo obligaba a convivir con sus habitantes, propietarios de la nocturnidad, siniestros indigentes que veían transcurrir los tiempos tirados en las aceras, incapaces de sostenerse en pie, producto del estado alcoholizado en el que permanecían. Nudos de rameras apostadas en las esquinas que ofertaban a los caminantes les derramaran un poco de semen por sus rostros a cambio de unas monedas.
Mientras caminaba recordaba el día que ella llegó a casa. Repasaba los confusos testimonios que dieron los mozos, hablaban de la forma casi mágica con que vieron desaparecer ante sus ojos a una lánguida viejecilla, vestida con un raro atuendo, que vagaba por los alrededores del jardín de los cipreses y que cargaba un cesto. Fue la noche que apareció un moisés dejado en el atrio de la residencia con una extraña nota de letras mal dibujadas, pero que al fin consiguieron descifrar: «la hija de Zyrich ».
Sus primeros días de vida fueron críticos, el pálido profundo de su piel, el llanto incontenible ante la luz y, más preocupante aún, el suceso de la primera nodriza, que repentinamente murió una noche, sentada en su mecedora, debilitada por el succionar de la niña.
A pesar del silencio con que se encubrió el extraño acontecimiento, logró filtrarse entre la gente la idea de que alguien de la familia había causado esa muerte. Rumor que despertó dudas y miedos; y desde aquella fecha los habitantes decidieron transitar por las calles en horas tempranas.
Lo solitario de la senda ayudó para que Jospin consiguiera su objetivo: la vieja prostituta no ofreció resistencia ante el efecto narcótico de la pasta de amapolas blancas con raíz de Valeriana officinalis. Sin darse cuenta la mujer entregó hasta la última gota de sangre.
Jospin subió con rapidez la escalinata hasta la entrada principal de su residencia, sujetando fuertemente el recipiente que llevaba entre sus manos y satisfecho de la normalidad con que todo había transcurrido.
En el momento de abrir la puerta, Jobina, su esposa, se hallaba a su espera con claras muestras de nerviosismo; llevándose el dedo índice hasta los labios lo incitó a hablar en voz baja:
—Ha ocurrido algo terrible —murmuró—. Ven, sígueme, tienes que ver esto y procura no hacer ruido, esto es obra del mismo demonio. ¡Estamos en el infierno!
Subieron la escalera en silencio, al tiempo que escuchaban cierto tableteo en el piso, acompañado del ruido que producen los muebles al ser empujados de manera brusca. Los guiaban las lamparillas de cristal empotradas en cada uno de los escalones; cuando llegaron al pasillo, cruzaron en penumbras, hasta su habitación.
—Mira eso —dijo la mujer, al asomar por la abertura de la puerta.
Volvió el rostro en señal de rechazo y buscó apoyo en el pecho de su marido; las lágrimas brotaron ante la crueldad de la situación. Ahí estaba ella, en el rincón de la habitación, de espaldas y agachada, entre paredes que chorreaban sangre.
—¡Dios mío! ¿A quién tiene agarrada? —le preguntó, Juspin.
—Es Silvia. Tú viste que regresó anoche después de sus tres días de permiso. Desperté oyendo un extraño grito; cuando llegué hasta aquí, ya la tenía. Solo Dios sabrá lo que en verdad ocurrió… Es posible que saliera a merodear por la casa buscando qué comer, con tan mala suerte para esta pobre chica.
—Nunca la vi comer carne humana.
Atacaba el torso de la mucama; hundía con fuerza sus prominentes colmillos. Al instante, giró hacia la puerta enfocándolos con sus ojos frenéticos y comenzó a rugir en señal clara de que se retiraran; los atacó con rapidez, dando saltos hacia ellos y zarpazos en la puerta, la que cerraron a tiempo. Luego, solo se escuchó el sonido característico que hace un animal cuando come, chilla y ruge casi a la vez.
—¿Dónde quedó mi niña dulce que hasta hace unos pocos días sostenía entre mis brazos colmándola de besos y cuidados? Esa cosa que está adentro no es ella —dijo la madre con pesar—. Tendríamos que haber dado algún remedio para curarla, ahora pagaremos nuestro descuido.
Después de unos minutos, entreabrieron la puerta y vieron que de un salto se elevaba al techo como una auténtica araña y brincaba de una pared a otra. «Seguramente es un ritual de festejo por el banquete», comentaron.
Chillaba, mostraba los ojos rojos inyectados de sangre; de pronto cayó al suelo desfallecida y corrieron hasta ella para ayudarla. Caminaban entre la sangre y los despojos humanos diseminados por la habitación. La belleza de su rostro reapareció mientras su madre la alzaba entre sus brazos buscando la cama como apoyo.
Vives en otro mundo, quizás sea porque eres de otro mundo, pensó Jospin. Debo admitir que estos momentos son insoportables, se dijo luego.Creo que la hora del final ha llegado. Estoy seguro de que un escritor no es un buen exterminador de entidades de ultratumba pero debo hacerlo.
Jospin abandonó la habitación y llegó hasta su biblioteca. Sintió agrado al estar en ese resguardo que por muchos años había significado su verdadero hogar. Allí había escrito sus mejores obras. Abrió el cajón del escritorio donde guardaba la daga y el agua santa que el abad de San Genaro le había suministrado para tal propósito. Todo estaba planeado desde hacía días. Pero él se había resistido a efectuar el acto por el amor a su hija.
Es hora que termine con esta pena que he arrastrado por tantos años, se dijo.
Cuando regresó a la habitación para cumplir con lo dispuesto y abrió la puerta se llevó la sorpresa: ella se encontraba allí, frente a él.
—¿Qué haces acá?¿Quién eres en verdad? —le dijo.
Frente a él, se transformó en lo que en realidad era. El rugido era fuerte y el aliento fétido, todavía mostraba restos de la mucama en sus garras y colmillos…
Con la mirada perdida, ausente, Jospin cayó al suelo. No respondía a la voz de Jobina, que intentaba recobrarlo. Perturbada, y con gran arrebato comenzó a sacudirlo y a darle golpes en el pecho.
—¿No te escucha, mami? Porque tú eres mi verdadera mami, ¿lo sabes? Ahora que estamos solas, yo te ayudaré a retornar al lugar donde se encuentra mi papi, ¿quieres? O me acuestas cerca de tu cama a esperar por él.

viernes, 3 de enero de 2014


Nota de una estimada lectora de España. Marisa Bermúdez.

CUENTOS BAJO EL FUEGO de Edgardo Benítez

Sé muy bien por qué llegué al libro de Edgardo… Por pura curiosidad literaria. Me explico. 

Participo en un curioso ejercicio de creación literaria, liderado por la escritora dominica Ada Hayes, que consiste en escribir sobre 10 temas, pero de manera anónima, con seudónimo y máscara… La entrega nº 9, los vicios, trajo una nueva pluma a nuestro pequeño club,Loboherido… Su poema me impactó tanto,  que busqué y busqué, para leer más…¡Internet es algo mágico! Pronto descubrí su blog y, claro, su primer libro de relatos cortos y  demás textos inéditos que él comparte en la red. 

La primera lectura de sus cuentos, la realicé en formato digital, cuya descarga se ofrece gratuita en el blog.  Mas pronto entendí que necesitaba tocar y oler el papel…  De eso hace más de un mes y heme aquí, escribiendo una crónica sobre un autor que me ha impresionado como para comprar  4 ejemplares de su libro y regalarlos.

Los 21 cuentos que conforman el libro son entes vivos e independientes que, en menos de una página o dos, te dejan pensativa y te provocan un ejercicio de proyección mental en el tiempo y el espacio, con un delicado y marcado aire “absurdo-surrealista” que sorprenden gratamente por su originalidad y, sin embargo, tan reales por momentos… 

Así, uno tras otro, sin grandes figuras ni inútil palabrería, sugerentes y para nada descriptivos, su lectura ha representado para mí una agradable sorpresa, cuando pensaba que ya, a mis años, ya había leído mucho y de todo… 

No podría decir cuál me gusta más o cuál menos. Todos encierran un ritmo propio, una propuesta novedosa, una situación ambigua, una nota musical para la sonrisa, la ternura, el llanto…  Un viaje por las ocho emociones humanas, sencillamente.

Y, por todo ello, no podría dejar de hacer otra cosa que recomendar su lectura porque, como él dice en la dedicatoria: “A todas las personas que guardan al menos una esperanza”. 

¡Y, de esas, quedamos muchas mientras autores escriban como él!

Marisa Bermúdez, enero 2014