miércoles, 29 de agosto de 2012

Carta encontrada en un auto bus de la ruta 201 San Salvador - Santa Ana




  La búsqueda de la divinidad es un evento interior que ancestralmente hemos vivido nosotros los humanos. Pero esa búsqueda llegó a su máxima expresión cuando logramos descubrir que poseemos nuestra propia divinidad o somos la divinidad misma, de esa manera descubrimos que la especialización de la energía fue la que dio por consecuencia al pensamiento y a eso dimos por llamar: espiritualizar la materia, que es consecuencia del actuar de una nueva generación de seres humanos pensantes que diseminados por todo el mundo funcionan, no como una secta religiosa ni política, si no que en forma de movimiento. Hasta hoy, ese despertar de la genética se ha revelado de generación en generación, fruto de una concatenación genética que brota en cada uno de los seres humanos, uno a uno, despacio, muy despacio.
 Espero que al leer este mensaje sepas comprender que es posible que tú seas parte de ese despertar genético ahora.

domingo, 12 de agosto de 2012

Desde mi ventana



         Desde acá, desde mi ventana, observo la magnificencia de la naturaleza encerrada en la divinidad del lago. Percibo la exquisitez de la vida. Desde mi ventana abro los ojos y admiro la forma hermosa que las especies cohabitan. Existe una amplia variedad de peces, moluscos, aves y plantas; todas en sintonía con la serenidad de los pescadores que con sus trasmallos tratan de sustraerle un pez a las aguas santas para llevar sustento a sus familias.        También percibo el olor del azufre que despide el resoplo del estanque, que me recuerda, que tan cerca de nosotros se encuentra el útero de nuestra madre tierra.
        
        ¿Y la gente que habita la ribera?, esa gente sencilla que, en muchos casos, ha resultado ser el botín de una paranoia frívola y vacía. Barrios en los que parece que nadie siente, nadie ama. Lugares donde gobierna el “tener” sobre el “ser” con todos sus tentáculos, enfermos todos. Maraña de humanos entregados a los superficiales placeres del mundo, esclavos del sexo, del poder, del dinero. Nuestra comunidad se va convirtiendo poco a poco en un calabozo donde habitan perros y gatos que se pasan la vida mordiéndole el trasero al semejante , todos tratando de agredir al vecino, como si fuera esa la razón de vivir; todos en plena pugna, desechando vidas humanas, produciendo cadáveres, desgarrando esperanzas, destruyendo sueños. Afectados por las drogas, el alcohol, la prostitución; arrasando hogares enteros que se desbandan hacia los pueblos vecinos y que a su vez se encuentran igual o peor que el nuestro.
         ¡Pobre gente!, soy humana, de acuerdo, pero… ¿Y ustedes? Desde acá, desde mi ventana, nadie parece serlo.