viernes, 31 de diciembre de 2010

En silencio


En silencio

Aborregada la sotana de un clérigo ante la insinuación profana que una parroquiana le fraguaba desde las bancas mientras presenciaba los oficios religiosos  del día domingo. Él, en el púlpito, cortado por la sacudida que causa el sublevarse a la indolente  moralidad; que aunque flemática en su proceder,  siempre dispone y ordena la conducta de los mortales más ingenuos y concupiscentes; no digamos, el actuar de un eclesiástico de pueblo que nunca ha sabido de mujer, lujuria y libido a la vez.

La  imaginación de los fieles volaba. Se obligaban a elucubrar el pensamiento y despedazar parte por parte su propia mística;  hasta consignar la tribulación en la venerable imagen de “Su ilustrísima”.

¿Y los dorados cofres?, ¿sus tristes y dorados cofres? Esperan en la sacristía. Saben que siempre habrá algún devoto con  exacerbado complejo de culpa por lo vivido que se confiese a la  esperanza de llenarlos.