martes, 16 de noviembre de 2010

Lobos en la ciudad. Comunidad de justicia

Un día de estos asistí a un suceso que nunca voy a olvidar. Y es que el reencuentro con mis congéneres nunca me había conmovido tanto. Esta es la versión contada por nuestro líder. Mi historia la relataré después, cuando haya tiempo para sentir lo que pienso y pensar en lo que siento.

Lobos en la ciudad. Comunidad de justicia


I


Nuestros ancestros llegaron a las costas de la ciudad en el siglo XVII. Fueron traídos y vendidos como esclavos por piratas, quienes fundaron un fortín de resguardo y acaparamiento de armas y tesoros. Desde entonces conformamos una colectividad que ha ido evolucionando en todos los aspectos.

Convivir con los humanos nos llevó a evolucionar el gen que de ellos heredamos desde la creación de nuestros ancestros, tema del cual no deseo ahondar, ya que no hemos encontrado registro alguno que lo explique. Hasta hoy no se sabe, a ciencia cierta, cómo surgió esta simbiosis con la que adquirimos muchas de sus costumbres y sus hábitos, sin olvidar nuestras raíces; no fue hasta entonces que conseguimos casarnos, tener hijos, asistir a la universidad y ocupar cargos políticos, pero, siempre cuidando de no revelar nuestro secreto.

En una fiesta de verano conocí a Nelly, una linda chica de nuestra comunidad. Al verla sentí el deseo de arrojarme sobre ella y poseerla, pero algo dentro de mí contuvo mi deseo y lo único que pude hacer fue pedirle que bailáramos. Al pasar el tiempo, comprendí que lo que me ocurría era que me enamoraba más cada día que pasaba. Su belleza inocente y tímida alegría pronto se adueñaron de mi corazón y esto me llevó a casarme con ella y tener un hijo. Claro, para nosotros, no es fácil amar; es nuestro instinto el que siempre se impone y el que gobierna nuestro comportamiento. ¿Podía lograr por pensamiento, contener mi instinto bestial? Era una de las preguntas que a diario me hacía.
II


Una noche, Griso Nob, un miserable de la ciudad, entró por el techo de mi casa a buscar dinero para sostener su adicción a las drogas. Primero hirió al niño cortándole el cuello, luego se encaminó hasta la habitación en donde dormía Nelly. Después de violarla, le ocasionó varias heridas hasta acabar con ella. Los vecinos se encargaron de delatarlo al ver que salía campante de la casa.

Quizá nunca debí perseguirlo o quizá nunca debí exterminarlo, era necesario. No quería que hiciera daño a otros miembros de la comunidad, además, él era el causante de mi dolor y la sed de venganza me cegó. Tampoco deseaba correr el riesgo de que algún juez inepto o corrupto lo absolviera como ha ocurrido tantas veces en este lugar.. Cuando lo ubiqué, trató de escapar, pero fácilmente logré darle alcance en el callejón de la novena calle. Confesó que personalmente ejecutó los crímenes. Su instinto cruel y sanguinario lo llevó a volcar en ellos todo el odio que sentía. Ahora, hay luna llena.
III


Ya habían llegado unos doce de los nuestros que se iniciaron ese día. También están decididos a hacer justicia. Ellos se encargaron de rodearlo y me dejaron solo frente a él.
Y suplicaba clemencia, imploraba misericordia; él sabía que nunca le perdonaría el haber terminado con mi familia. Y en el nombre de ellos comencé el ritual. De un corte en el rostro le desgarre los labios y la nariz. Disfruté verlo cuando lloraba del dolor que le causaban mis colmillos Hasta que dejó de suplicar. Sentí que lo vivido, era el brote de humano que llevamos, la venganza no es parte de nuestra genética.
IV


— ¿Qué tenemos aquí, sargento?
— Griso, un adicto empedernido. Un crimen grotesco, Señor.
— ¿Griso?
—Sí, un antisocial de la calle. La cabeza reposaba dentro de un basurero y por el suelo, esparcidos, estaban los restos de su cuerpo.
— ¿Qué o quién pudo haber cometido un crimen tan horrendo? ¿Y estas heridas tan extrañas? Parecen haber sido causadas por una fiera.

¡En este momento hay luna llena! Su resplandor dibuja claramente el contorno de los edificios.
Desde mi azotea aprecio la capital. Ante mi soledad, nada más me queda que unirme con los demás a la lucha contra el crimen. No dejaré que la gente inocente que la gente inocente sucumba por los asesinos que andan sueltos.
Cuenta la leyenda popular que hoy es noche de hombres lobo.

Fin