miércoles, 21 de octubre de 2009

Vitrales de la muerte. Hospital de Maternidad.

En el hospital de Maternidad, la noche era tranquila. Se distinguía en el cielo una linda luna llena que a su vez era acompañada por una lluvia de estrellas de colores azul, verde y amarillo.El silencio en el ambiente era interrumpido por el maullido de algunos gatos, maullido con el que a veces muestran su predisposición a aparearse. Gatos pardos, negros y azules con el rabo enhiesto y el lomo encorvado, que aparecían entre los recipientes de la basura o en el tejado del edificio. La calle que cruza la parte posterior de la manzana lucía solitaria; imposible ver a un solo citadino en sus doscientos metros de largo; en otras ocasiones los paseantes se detenían en las aceras para observar los vitrales de las ventanas de vieja iglesia, vitrales de épocas pasadas con reminiscencias de culturas extrañas y antiguas, con forma de pentágono y divididos en varios compartimentos que engarzaban en las ventanas de las salas de cuna y parto. También desde las aceras se percibían los rostros afligidos y desconsolados de mujeres que llegaban a dar a luz a sus hijos, sin un padre reconocido, sin esperanza de un hogar, madres solteras.Era un grupo bastante grande de Buitrumanos. La sacaron por la puerta trasera. Ella se veía muy tranquila, le resultaba imposible oponerse a sus fuerzas. entre todos ellos era cargada en brazos. Parecía que disfrutaba de lo que ocurría, pero en sus adentros sabía que no debía ir. Más atrás otro grupo de Buitrumanos vestidos de sacerdotes y monjas traían en brazos al niño al que recién había parido esta mujer, cuyo delito era no tener un esposo registrado ante el consejo de la ciudad. Era otro ofrecimiento para Azófar su dios, siempre a la espera de recibir favores. La rodearon, mostraban vergüenza, platicaban entre ellos, se fueron calentando los ánimos, hasta que... uno de ellos dio la orden y todos se abalanzaron sobre su presa. De un tajo le cortaron el rostro, brotó la sangre y otros fluidos a borbollones, entre una mezcla de gritos de alegría y risas, llanto y dolor. Resultaba ser una práctica sádico-masoquista.Algunos mordían con fuerza, mitigando su necesidad de acabar con ella, de aniquilar. Otro grupo le extrajo el corazón y lo consideraron un trofeo. La mujer aceptaba con risas que la masticaran, posteriormente era vomitada y fue engullida una, otra y otra vez.En otro lado de la calle los sacerdotes y las monjas descuartizaron al niño quien también reía al ser devorado. Después de saciados, los Buitrumanos dieron algunos dólares a los sacerdotes y se largaron manifestando un profundo complejo de culpa por el acto que cometieron. La mujer tomó a su hijo en brazos y también se marchó. En el tejado los voladores yáculos habían terminado con los gatos pardos, negros y azules.Volvió la noche a ser tranquila. Se distinguía en el cielo la luna llena que a su vez era acompañada por una lluvia de estrellas de colores azul, verde y amarillo.Después de estos acontecimientos la mujer vivió con vergüenza toda su vida. Con el correr de los años, el pequeño fue azotado por ella y su compañero de vida en turno, golpeado por sus tíos, aguantó los malos tratos de sus maestros y las burlas de sus compañeros, pero era capaz de afrontar todos esos acontecimientos con una sonrisa en los labios. El niño al crecer, en medio de una vida de alcoholismo y drogadicción, se convirtió en un asesino serial; terminó sus días en el penal de máxima seguridad de la gran ciudad. Murió en la oscuridad de su celda en condiciones nunca reveladas por las autoridades.

domingo, 18 de octubre de 2009

Mar de los sedientos. Cazador de quimeras.

Después de un largo recorrido por el desierto de Súber, antes llamado bosque de Súber, deforestado por la inconsciencia del ser humano,  El Cazador de Quimeras y su pueblo llegaron a la ribera del arroyo Gris. Lucía oscuro y sucio como resultado de la deforestación y la contaminación. Enseguida, adentrándose en el río envenenado conversó con sus aguas:
"Oh, fuente cristalina, tomo con mis labios un sorbo de tu transparencia. Es acá donde mis entrañas y mi rostro quieren ser parte de tu frescura, de tu dulzura natural, dulzura poderosa. Acaricia mi piel, suaviza mis mejillas, entrégame tu pureza y confúndela con la mía. Convierte mi esperanza en realidad. Permite que yo sea parte de tu transparencia, de tu esencia vital y que mi alma, al espejo, en reflejo celestial, contemple tu grandeza. Es acá donde el encuentro con otras especies alienta a vivir en alianza, en armonía. Resuena en tu humedad el golpe tras golpe contra las peñas; pareces no encontrar tu destino. Es tu eterno andar, esta es tu vida. Y cuando los rayos del sol rompen en mil estrellas en tu ser, buscando su encuentro con el todo, tú los devuelves al viento."
En unos minutos, el sucio río se volvió transparente. Todos muy impresionados se adentraron en él, bebieron de sus aguas y juguetearon. Desde lo alto de una colina eran vigilados por un grupo de Buitrumanos, adoradores de Azófar, quienes sorprendidos e incrédulos, lanzaban criticas y hablaban de lo que veían. Luego, subieron a sus Salamandras y se marcharon. Este era un grupo que con hipocresía manifestaba ser castos y solteros.

jueves, 8 de octubre de 2009

Del diario vivir

— ¡Mi amor!
— ¿Qué quieres?
— ¿Te gusta el color de mis uñas? ¿Qué te parece?
—Mm.…¡es color de las putas!
— ¿De putas dices?, ¿quién dice que el color rojo es de las putas?
—Todo el mundo lo sabe, si usas color rojo en tus labios y uñas, es por que llevas un anuncio de puta.
— ¡Disculpa!, pero yo nos soy ninguna puta.
—Eso es lo que dicen todas.
— ¿Qué dices?, sabes que tengo muchas amigas que son putas y no usan el color rojo, así que no juzgues a las mujeres por el color de las uñas y los labios; además a ti siempre te ha gustado este color en las uñas de mis pies, al menos es eso lo que me has dicho siempre, ¿o acaso, me equivoco?
—No, no te equivocas. ¡Sabes que ese color me enciende la sangre! Y eres tu quién me apacigua. Ven dame un beso y no te enojes con tu pollito. Sabes cómo me gustas, cualquier color que te apliques, siempre me volverás loco.
—Mm.…ya me tenías enojada, de pronto pensé que yo no te gustaba, ¡eres muy malo conmigo!
—Bueno, es hora de irme, tengo que llegar temprano a casa, ya sabes que mi mujer después se molesta si llego muy noche y vaya que como me cuesta alegrarla; acá te dejo tu plata. Te veré la próxima semana...
— ¡Gracias mi cielo, sabes como te quiero!

fin